Los niños con mayor eficiencia cognitiva (mayor puntuación en los test de inteligencia) presentan mayor eficiencia nocturna. O sea duermen con mayor continuidad sin múltiples despertares.
Los resultados actuales apoyan la teoría de que un buen sueño nocturno asegura mejor rendimiento intelectual diurno, que se refleja en los logros académicos y rendimiento escolar.
Hay mayor riesgo de presentar un sueño fragmentado en la edad preescolar en aquellos que ya desde el primer año se despiertan muchas veces y no vuelven a dormirse solos si no están en presencia de la madre o el padre.
También sucede lo mismos, en los niños roncadores, o con dificultades respiratorias durante el sueño, provocadas frecuentemente por agrandamiento de las amígdalas y adenoides.
Extirpación de amígdalas
En chicos con trastornos respiratorios durante el sueño cuya primera causa es el agrandamiento de las amígdalas y las adenoides, además del ronquido, es frecuente observar enuresis, trastornos para aprender, inatención, hiperactividad y en mucha menor medida somnolencia diurna.
Ellos duermen en posiciones “raras” a veces dejando caer el cuello del borde de la cama, otras en postura de plegaria mahometana; todas ellas para poder hiperextender el cuello y permitir que la vía de aire quede libre.
De todos ellos un 10 % se hace un polisomnograma que servirá para ver el verdadero compromiso y su gradación.
Asegura por otra parte en los casos graves que una vez que sean operados permanezcan internados ya que pueden tener complicaciones serias en el post operatorio.
Debe informarse a los padres que el éxito con desaparición de los síntomas alcanza a un 60 a 70 %.
Hay recurrencias de los mismos en proporción importante y si el niño tiene una obesidad marcada, la persistencia de los síntomas es mas probable.
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