La hormona de crecimiento es segregada en el sueño profundo que se produce al inicio del dormir en el comienzo de la noche.
Cuando el sueño se altera por muchos despertares en el niño, que esta creciendo la secreción de la hormona de crecimiento, se altera y en los casos muy graves por trastornos respiratorios puede haber una repercusión negativa que lentifica el crecimiento del niño.
Una vez resuelta la causa de las interrupciones nocturnas, que puede ser por un hipertrofia amigadalina se ha visto que el crecimiento se puede compensar y el retardo es por consiguiente pasajero.
Hay otras situaciones de cierta rareza. Se han realizado estudios que observan mayor riesgo de obesidad en niños de 9 a 10 años dentro del grupo de aquellos que duermen menor cantidad de horas, en comparación con los que duermen entre 8 a 9 horas por noche.
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